Por Hernán Biasotti (Eos II y Clipper Inés) El largo peregrinaje de Gerónimo Saint Martin hasta el casquete polar ártico y su retorno al pais es un viaje triplemente interesante. Primero por el barco con el cual lo realizó. Segundo porque es una derrota atípica, distinta de las acostumbradas. Y tercero porque es argentino y contemporáneo. En cuanto a La India, un H-20 modificado, es un barquito, no un barco de varias toneladas de desplazamiento. No se puede ni estar parado dentro de la cabina. Allí, con el rolido y cabeceo propios de un mar revuelto, todo cansa ¡ inclusive descansar ! Su escasa capacidad de tanques y depósitos de comida y ropa seca es muy inferior a la de los barcos medianos o grandes que acostumbran cruzar los mares ¡Y no hablemos de los megayates y tecnobarcos, naves totalmente robotizadas que hoy ya son moneda corriente! Eso es otro juego muy diferente. A bordo de un barco así de pequeño y sencillo la navegación oceánica es ciertamente heroica. En cuanto a la derrota, como en los versos de Machado, en este caso “se hace camino al andar”. Saint Martin salió motivado por ese bicho que a veces nos pica a los navegantes y nos crea una urgencia incontenible por zarpar. Y fue yendo cada vez más lejos, adquiriendo experiencia marinera, bebiendo la vida por el camino. Y en algún momento, por motivos que él conoce, señaló como su blanco una meta que nunca había sido alcanzada por un navegante solitario en un barco de las características de La India. Países diferentes, idiomas extraños, costumbres exóticas y mares helados serían, de manera ambivalente, los mayores atractivos y la peor amenaza de esta aventura. El tercer factor, el hecho de que el protagonista sea compatriota y contemporáneo implica que este navegante vive sus experiencias a partir de una educación parecida a la de cualquiera de nosotros: fue a nuestras escuelas, se crió entre nuestra historia, come la misma comida y en resumidas cuentas, piensa como nosotros. Sus proyectos y esperanzas, sus alegrías y sus temores, sus respuestas a las emergencias en el mar, parten de la premisa de una identidad común a nuestra idiosincrasia. Por eso cuando, en el extraordinario video de su desarboladura entre Islandia y Noruega, lo vemos descansar de sus trabajos cebándose unos mates, no podemos menos que sentirnos identificados con él y emocionarnos. Seguramente su viaje no nos conmovería de la misma manera si hubiera sido un navegante extranjero o de otra época. |